Refugio Frey en invierno

De los refugios de montaña de Bariloche, el Refugio Emilio Frey es, probablemente, el más accesible para visitar en invierno. Su cercanía al centro de la ciudad y al estacionamiento del cerro Catedral hacen que la caminata hasta el refugio y la laguna Toncek, a 1700 msnm, tenga apenas un poco más de 10 kilómetros.

Durante todo el año, el sendero recibe caminantes de distintas partes del mundo. Está bien marcado, señalizado y mantenido, lo que facilita la orientación incluso cuando el paisaje cambia con la nieve.

Además, el refugio permanece abierto durante el invierno, con refugieros que lo cuidan y continúan brindando servicios. Lejos del movimiento y la cantidad de gente del verano, esta época tiene una excelente oportunidad para conocer el que quizás sea el refugio más emblemático de Bariloche.

Ruta: Sendero Refugio Frey desde Catedral Uso Referencial

Apenas dos semanas habían pasado desde mi caminata a Laguna Negra con nieve y, desde entonces, en Bariloche no había parado de llover. Después de varias semanas de mucho frío pero casi sin precipitaciones, era una muy buena noticia. En los cerros, en cambio, esa lluvia se transformó en nieve. Y llegó justo antes del fin de semana.

No hizo falta pensarlo demasiado. Revisé el pronóstico, el estado del sendero y empecé a preparar la mochila para volver al refugio Frey, esta vez con el paisaje completamente blanco.

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inicio sendero refugio frey catedral
Indicaciones del Parque Nacional Nahuel Huapi

En las redes sociales y en la página del refugio Frey advertían que había hielo en varios sectores y recomendaban llevar crampones. Durante un rato dudé también con las raquetas. Pero una historia publicada desde el propio refugio me mostraba que todavía no hacían realmente falta. 

Refugio frey invierno van titter pasarela
Inicio del valle del Van Titter. Vista a la Principal y pasarela.

El sábado salí cerca de las diez de la mañana desde el cerro Catedral. El cielo estaba completamente gris y, desde los primeros metros, el sendero mostraba el hielo que se forma cuando la nieve se compacta por el paso de la gente. Con poco riesgo, todavía se podía caminar sin los crampones.

Después de cruzar la pasarela de hierro, en el ingreso al valle del Van Titter, el sendero se fue estrechando. La falta de sol ayudaba a conservar el hielo, pero también apareció cada vez más nieve.

Era justamente lo que había venido a buscar.

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Puente sobre el arroyo Van Titter

Como iba a pasar la noche junto al refugio, no tenía ningún apuro. Podía caminar tranquilo, detenerme a grabar algún clip para el video o sacar fotos.

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Esto me permitió observar a la gente que me iba pasando. Tenían que subir y bajar en el día, así que caminaban bastante más rápido. Lo que sí me sorprendió fue ver a varias personas con ropa mucho más urbana que de montaña.

Algunos incluso llevaban zapatillas de lona y suela lisa.

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Refugio Petricek o La Piedrita

No lo menciono para señalar a nadie. Solamente me hizo pensar en cuántas veces yo mismo habré salido creyendo que estaba preparado.

Siempre me preocupé por tener un buen calzado, pero con el tiempo entendí que el equipo es mucho más que unas botas. También están la planificación, la experiencia y la capacidad de reconocer cuándo insistir y cuando hay que aceptar la realidad y volver.

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Valle del Van Titter

Y sospecho que esa lección nunca termina de aprenderse. Incluso ese día, con botas LaSportiva, indumentaria técnica, crampones y polainas en la mochila, estoy seguro de que alguien con más experiencia podría marcarme cosas para mejorar.

Mientras avanzaba, el valle se volvía cada vez más blanco, los árboles acumulaban nieve sobre las ramas y cuando paraba a descansar, el silencio envolvía todo el lugar.

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Llegué al refugio Piedrita y aproveché para hacer un descanso más largo. Entré y me senté sobre un carro abandonado, comí algo tranquilo y escuché cómo, cada tanto, la nieve se desprendía de las ramas y caía con un golpe seco sobre el suelo.

Desde ahí comenzaba la subida final al refugio Frey. En verano quedaría una hora, pero ahora en invierno, quién sabe.

La pendiente hizo aparecer los primeros resbalones, así que preferí colocarme los crampones antes de seguir. Bastaron unos pocos pasos para notar la diferencia y continuar mucho más tranquilo.

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Ingreso al refugio Emilio Frey

Al llegar al refugio me pidieron la reserva que hice junto con el registro de trekking, pero me di cuenta que no había quedado confirmada. Seguramente me faltó algún clic al final del proceso porque ni ellos tenían mis datos ni yo tenía el correo de confirmación.

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Refugio Emilio Frey

Por suerte el refugio estaba casi vacío y no hubo ningún problema. De hecho, esa noche mi carpa sería la única armada en toda la zona de acampe.

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Los refugieros me prestaron una pala y una azada para despejar uno de los espacios cubiertos por la nieve. Armé la carpa, comí rápido un sanguchito helado y salí enseguida para aprovechar las últimas horas de luz.

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Refugio y aguja Frey

Mi idea era llegar hasta la laguna Schmoll.

La laguna Toncek estaba completamente congelada y cubierta de nieve. No había una sola huella y no tenía ninguna necesidad de probar suerte cruzando por el medio.

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Vista desde el sur hacia la zona del refugio y la laguna

Con las polainas ya puestas seguí subiendo hacia Schmoll. Al principio la nieve dejaba caminar sin demasiados problemas, pero poco a poco empezó a superar las rodillas. Cada paso costaba más que el anterior.

Después de casi una hora subiendo con mucha pendiente ya no había zigzag que valiera, entendí que había llegado el momento de volver.

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refugio frey ventana

No sé qué tan cerca estaba de Schmoll. Creo que muy cerca. Pero ya estaba rodeado de paredes de roca y no veía una salida clara para seguir avanzando con seguridad.

Entendí que no hacía falta seguir luchando y decidí emprender el lento regreso.

El descenso tampoco fue sencillo. Cada tanto me hundía hasta la altura de la cadera y salir volvía a exigir otro esfuerzo más.

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Todo listo para el acampe

Cuando regresé al refugio ya casi no quedaba luz. Cené en el anexo, con un foquito de luz muy tenue pero sentado en una mesa de madera. Después volví a la carpa cuando el frío empezaba a sentirse con más fuerza, pero el cielo se había despejado por completo.

Dormí un par de horas hasta que sonó la radio VHF con el inicio del partido entre Argentina y Suiza. Escuchar fútbol en medio de la montaña tiene algunos matices: es volver unos años en el tiempo cuando lo más común era escuchar los partidos por radio y la imaginación volaba. La otra es más obvia, escuchar un partido de fútbol, sólo, en una carpa rodeado de nieve.

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Amanecer

Cerca de la una de la madrugada apagué la radio y salí un momento antes de volver a acostarme. Sobre la laguna y el anfiteatro de las agujas del Catedral había un cielo lleno de estrellas y una quietud absoluta. Ni viento, ni voces, ni pasos. Solo la laguna blanca bajo un manto de oscuridad.

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Salón comedor en el refugio Frey

Después de una noche muy tranquila, a la mañana siguiente el paisaje había cambiado otra vez. El sol pintaba de rosa las agujas sobre la laguna Toncek y el refugio empezaba a despertar. Desayuné sin apuro hojeando un libro en el salón del refugio y mirando ese espectáculo ahí afuera.

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Refugio frey invierno aguja principal

Todavía me quedaba intentar una última caminata antes de regresar.

Con el día completamente despejado, volví hacia la laguna y encaré la subida al col Parótida. Toda la nieve seguía intacta, lisa, sin una sola huella. Alcancé el filo sin dificultades y, al asomarme del otro lado, apareció el valle del Campanile cubierto de blanco.

Más allá el Pico D’Agostini y la cumbre sur del Catedral. Por abajo, un mar de nubes ocultaba el lago Gutiérrez.

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Vista a laguna Toncek desde el col Parótida

Intenté seguir un poco más hacia el filo de la aguja principal, pero la nieve volvió a hacerse más profunda y el terreno se volvió más empinado e irregular. Con la experiencia del día anterior no tenía sentido volver a intentar nada.

Había empezado la caminata al Frey con un objetivo y dos anhelos. Con el refugio Frey ahí abajo, cumplí uno. El resto no se pudo dar, pero estaba ahí, en un lugar privilegiado.

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Vista al valle del Campanile desde el col Parótida

El sol radiante en un cielo celeste, la montaña de blanco y mi corazón en el cuello recortando el silencio. Estaba viendo a la laguna Toncek desde ahí arriba, el valle del Campanile, las agujas M2 y el Abuelo, con todo el granito del Catedral pintado de blanco. Me quedé un rato largo mirando el paisaje.

Acepté sin ninguna frustración los límites que fui encontrando. Con el equipo que llevaba y la experiencia que tengo hoy, ese era mi límite. Por ahora no es el momento de seguir más arriba.

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Refugio frey invierno detalle rulo

Con esa idea empecé el descenso. Dejé atrás el sol, las agujas brillando y la laguna congelada. Más abajo volverían las nubes, el bosque oscuro y el sendero húmedo que me acompañó hasta la base del cerro Catedral.

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El bosque del Van Titter
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Regreso en medio de la nube

Mientras caminaba los últimos kilómetros pensé en el contraste con mi salida a Laguna Negra. Allí había sentido aislamiento y una especie de lejanía difícil de explicar. En Frey, en cambio, todo resultó más accesible: el sendero abierto, el refugio funcionando, gente yendo y viniendo.

Si cada salida a la montaña enseña algo, hacerlo en invierno es un curso acelerado.

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Un Janis desde el filo. Abajo la laguna Toncek

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