Quiero aclarar algo desde el principio. Esto no surge de una investigación exhaustiva, sino desde el punto de vista de alguien que camina la montaña y al que le gusta hacerse preguntas.
El objetivo de este posteo no es buscar un culpable (ni organización, ni partido político) simplemente plantear la pregunta para cuestionarme qué cambió.
Incluso, quizás, la primera pregunta no sea por qué ya no se construyen refugios.

¿Hacen realmente falta más refugios?
Yo creo que siempre hace falta más infraestructura. No hablo solamente de refugios. También hacen falta más senderos, mejor mantenidos, mejor señalizados, más puentes, pasarelas y una infraestructura que permita recorrer la montaña de forma más segura y ordenada.
Porque (dejame desahogarme un poquito) lo que hacen algunos concesionarios de refugios como tirar palitos sobre un mallín, no es infraestructura.
La pregunta me surgió después de una caminata al refugio Frey en invierno. Mientras lo miraba, noté que le faltaba un postigón.
Quizás es un signo de nuestros tiempos. Quizás es una mirada pesimista aunque teñida por una realidad insoslayable. Como sea, no pude evitar pensar en que “quizás se está viniendo todo abajo” pero al mismo tiempo imaginarme el esfuerzo que debe haber costado levantar este refugio.
¿Cuánto habrá costado construir esto?
Cuando volví a casa, empecé a averiguar un poco más sobre la historia del refugio.
Un grupo de inmigrantes eslovenos que llegaron a Bariloche después de la Segunda Guerra Mundial, encontraron en estas montañas un lugar para volver a construir una comunidad.
En 1951 fundaron el Club Andino Esloveno (CAE). Eran montañistas con experiencia y rápidamente comenzaron a explorar las agujas del cerro Catedral.

La apertura de la Picada Eslovena y la creciente actividad de escalada demostraron que hacía falta un refugio. El Club Andino Bariloche inició entonces la construcción del actual Refugio Frey en 1955. La obra demandó dos temporadas de trabajo y finalmente, el refugio fue inaugurado el 17 de febrero de 1957.
¿Por qué ya no se construyen?

Si estos pioneros pudieron construir el refugio Frey y tantos otros en Bariloche, sin la tecnología y facilidades que tenemos hoy, ¿por qué no se hacen más refugios?
Estos son algunos hitos en la historia de los refugios de montaña, solamente en Bariloche.
| Año | Hito |
|---|---|
| 1931 | Fundación del Club Andino Bariloche. |
| 1933 | Inauguración del primer Refugio López. |
| 1938 | Inauguración del Refugio Tronador, hoy conocido como Refugio Viejo o Manuel Ojeda Cancino. |
| 1952 | Inauguración del Refugio General San Martín (Jakob). |
| 1957 | Se inaugura el Refugio Emilio Frey. |
| 1957 | El antiguo Refugio López queda destruido. |
| 1963 | Finaliza la construcción del actual Refugio López. |
| 1969 | Inauguración del Refugio Italia – Manfredo Segre (Laguna Negra). |
| 1971 | Inauguración del Refugio Neumeyer. |
| 1971 | Inauguración del Refugio Otto Meiling, junto al glaciar Alerce del cerro Tronador. |
| 1987 | Inauguración del refugio-vivac Velco en el Valle del Ñirihuau |
| 1987 | Inauguración del refugio-vivac Papá Manuel en Laguna Ilón |
| 2012 | Inauguración del Refugio Agostino Rocca, en Paso de las Nubes. |
| 2016 | Un incendio destruye el Refugio Neumeyer. Se instalan domos |
| 2017 | Un incendio destruye el Refugio San Martín en laguna Jakob. |
| 2018 | Se reinaugura el Refugio San Martín tras su reconstrucción. |
| 2018 | Se instala infraestructura de domos en Laguna Ilón |
Obviamente la respuesta no es una sola.
Lo primero que se me ocurre es que el país ya no es el mismo. La Argentina de principios del siglo XX y la de hoy son dos países completamente distintos.
Los recursos que se pueden destinar a construir un refugio de montaña ya no son los mismos, o simplemente dejaron de ser una prioridad.
Pero dejando de lado la realidad económica, también cambió la manera en que entendemos la naturaleza.
Si antes el objetivo era facilitar el acceso a la montaña mediante infraestructura, hoy la prioridad es otra. No digo que ahora se trata de impedir que la gente llegue, sino de hacerlo con muchos más cuidados.

Cambió la filosofía de conservación.
Los refugios históricos —Frey, López, Jakob, Laguna Negra, Tronador— se construyeron en una época en la que abrir la montaña era visto como algo positivo. Hoy la Administración de Parques Nacionales exige demostrar que el impacto ambiental de cualquier obra será mínimo y que no existen alternativas mejores antes de autorizar una construcción nueva.
Y ahí aparecen temas que hace cien años prácticamente no existían en la discusión: la conservación del ambiente, la capacidad de carga de los lugares, la gestión de residuos, los efluentes y, en definitiva, el impacto que toda infraestructura genera sobre la naturaleza. Porque, por más que se minimice y se cuide, siempre existe una degradación.
Todo esto hace que cualquier proyecto tenga que pasar por un proceso mucho más complejo de planificación.
Antes podía alcanzar con el acuerdo entre un club andino y el Estado. Hoy intervienen estudios de impacto ambiental, planes de manejo, evaluaciones paisajísticas, proyectos de provisión de agua y energía, sistemas de tratamiento de residuos y la compatibilidad con el plan de manejo del parque. Cada una de esas instancias puede demorar años.

El decreto que autorizó en 2008 la construcción del refugio Rocca en el Paso de las Nubes es un buen ejemplo de este cambio de enfoque. Buena parte del documento está dedicada a justificar por qué esa obra constituía una excepción y por qué su impacto ambiental resultaba aceptable. Algo que probablemente habría sido impensado en las autorizaciones de la primera mitad del siglo XX.
La Ley 22.351 sigue siendo la base de todo. Es la que convierte a Parques Nacionales en la autoridad encargada de autorizar cualquier construcción dentro del sistema de áreas protegidas.

Lo que antes podía gestionar un club andino por su cuenta hoy requiere la articulación de muchos más organismos.
Además, también cambiaron las normas de construcción.
Antes bastaban cuatro paredes, una salamandra y un techo. Hoy un refugio necesita resolver la generación de energía, el abastecimiento de agua, el tratamiento de residuos, cuestiones sanitarias y cumplir con normas estructurales mucho más exigentes.
Y todo eso cuesta mucho más dinero.

Los refugios clásicos se levantaron con trabajo voluntario del Club Andino, materiales locales y animales de carga. Hoy buena parte de la logística depende de helicópteros y de una infraestructura mucho más compleja.
Pero el gasto no termina cuando el refugio se inaugura.
Después hay que mantenerlo.
Lo que antes hacía casi voluntariamente un grupo de entusiastas hoy implica personal contratado, seguros, abastecimiento, evacuaciones, reparaciones y mantenimiento permanente.
En muchos casos, mantener lo que ya existe consume los recursos disponibles y termina postergando cualquier proyecto de expansión.

¿Pero hacen falta refugios como los conocemos hoy?
Después de considerar todos estos cambios históricos, económicos y culturales, quizás la pregunta inicial pueda reformularse.
¿Hace falta construir más refugios de montaña como los conocemos hoy?
Es decir, refugios con servicios, comidas, personal permanente y todo lo que eso implica.
Nunca me olvido de algo que dijo Claudio Fidani, refugiero del Jakob desde hace mil años.
“Los refugios cayeron en su propia trampa.”
Con el tiempo empezaron a brindar servicios cada vez más parecidos a los de un hotel.
Y alcanza con leer las reseñas de Google para verlo. Muchas personas se quejan de que el baño está lejos, de la atención, del precio o de que la comida no tiene suficiente proteína. Reclamos que tienen sentido si uno está evaluando un hotel, pero no necesariamente un refugio de montaña.
Quizás ahí haya otra discusión.
Tal vez habría que volver a diferenciar un refugio de montaña de un hotel de montaña.

Siempre me acuerdo de los refugios del Parque Nacional Perito Moreno. No son refugios de alta montaña en el sentido estricto, pero me gusta la filosofía que hay detrás. Son construcciones mucho más simples, pensadas para dar resguardo sin convertirse en un alojamiento con todos los servicios.
Algo parecido podría pensarse para la montaña. Una red de refugios tipo vivac.
De hecho, esa idea ya existió. En Bariloche, durante la década de 1980, se intentó desarrollar una red con refugios como Velco y el Papa Manuel, en Ilón. El proyecto nunca llegó a completarse.
Según lo veo, también es un problema de visión, de estrategia.
Con la riqueza natural que tiene la región, pensar una red de refugios adaptada a la realidad actual, acompañada por senderos e infraestructura adecuada (como era el espíritu de Huella Andina), podría fortalecer todavía más el turismo y generar nuevas oportunidades de trabajo.
La pregunta, entonces, quizás ya no sea por qué dejamos de construir esos refugios. La pregunta es qué tipo de refugios necesita nuestra montaña hoy.

