Este finde probé una alternativa al cerro Montura Chilena. En lugar de subir por la cara sur, que ya había subido antes, encontré algunos recorridos que encaraban la montaña desde el este. Así que decidí probar esta ruta nueva.

El plan no era solamente subir al Montura Chilena, sino también pasar la noche en su cima y, al otro día, bajar y dar la vuelta por los filos de la zona hasta el Recado Chileno para regresar a Confluencia.

Todo el recorrido se puede hacer en una sola jornada, pero quería vivir la experiencia de pasar una noche en ese lugar tan especial. La cima tiene un sector que parece una terraza con vista al norte, al este y al lago de Alicura.

Buscaba disfrutar del atardecer, pero sobre todo el amanecer, con toda la estepa y el horizonte hacia el este delante mío.
Este es un relato de mi experiencia. No lo tomes como una guía o recomendación para llegar al lugar. Este sendero no figura habilitado por parte de Parques Nacionales y lo recorrí bajo mi responsabilidad
Dejé el auto en las nuevas instalaciones de la vieja estación de servicio de Confluencia y caminé hasta el inicio del recorrido a menos de dos kilómetros de ahí.

La subida por esta nueva ruta me resultó más directa, con una pendiente y un terreno más convenientes.
En el camino pasé por algunos de los paisajes más característicos de la zona: rocas erosionadas por el agua y el viento, pastizales, neneos, coirones y bosque de cipreses.

La característica de este año es la humedad. De hecho, esperé algunos fines de semana hasta encontrar una ventana de buen tiempo para hacer esta salida.
Con las las constantes lluvias sumadas a la época de deshielo en plena primavera, la estepa tenía un color verde muy poco habitual, al contrario del amarillo que suele predominar.
Durante la subida, en algunos tramos específicos, me inundaba el olor de la Paramela.
La ruta por este lado de la montaña lleva rápido y directamente hacia la cumbre. No hay sectores escarpados ni pendientes abruptas.

Después de atravesar el bosque de cipreses, quedaba la última subida, un poco más empinada, hasta la brecha tan característica que tiene el cerro en la cumbre, entre sus dos peñones.
Esta brecha hace que algunos conozcan a este cerro como Horqueta en lugar de Montura Chilena

Ya sabía que la caminata tenía dos momentos complejos: la subida y la bajada de la cumbre. Es que para llegar a ella hay que trepar por una canaleta que va ganando verticalidad hasta alcanzar un paso que requiere más atención.
Para ese paso había llevado una cuerda con la que atar la mochila y subirla una vez que lo hubiera superado. Tampoco me olvidé del casco.


La subida se hace con manos y pies hasta llegar a un ciprés enano justo al pie del paso difícil. La roca ofrece algunas salientes, unas más seguras que otras, pero llega un momento en que hay que decidirse y dar el paso hacia arriba.
La verdad es que fue más difícil subir la mochila que trepar. Incluso con la humedad de las rocas, me resultó más complicado hacer pie e inclinarme hacia adelante para poder alzarla.

Pero, una vez superado ese tramo, solamente quedaba llegar a la cumbre y ahora sí, disfrutar del atardecer.


Armé el tarp en la terraza que se forma en la cima. Até las cuerdas del toldo a distintas rocas. Ahora me quedaba tener cuidado de no acercarme demasiado a los bordes, porque había caídas verticales de fácil 30 metros.
La noche transcurrió en absoluta calma. La luna era gigante (todavía faltaba una noche para la luna llena) y, de vez en cuando, soplaba alguna brisa. El cielo estaba despejado y, hacia el norte, se veía el lago Alicura rodeado de luces. Algunas eran del tráfico sobre la ruta 237 y otras, las poblaciones.



Un poco antes del amanecer abrí los ojos y, sin levantarme, podía ver la niebla que avanzaba por el valle de Confluencia.
Con las primeras luces, antes de las seis, ya estaba despierto y levantado, observando el espectáculo de nubes que empezaba a formarse a mi alrededor.

Desde los valles, pero sobre todo desde el norte, desde el lago Alicura, empezó a crecer una marea de nubes que, una hora después, había llegado hasta donde estaba.
Todo lo que tenía estaba mojado. Había tomado la precaución de guardar la bolsa de dormir en una bolsa de nylon y meterla en la mochila, pero el tarp, las bolsas para organizar mis cosas, incluso la mochila, estaba todo cubierto de gotitas de condensación.

Rodeado por esa densa nube gris, ya no había más paisaje para disfrutar, me quedaba preparar el descenso.
Volví al paso complicado y arrojé el aislante en acordeón. Es un elemento algo molesto por la forma que le da a la mochila y que me había complicado la subida del día anterior.
Bajé la mochila y después lo hice yo.
En ese momento, ya con la mochila encima y dispuesto a empezar la recorrida por los filos que tenía programada, se me cruzó por la cabeza la posibilidad de emprender el regreso ahí mismo.

Pero recién eran las nueve de la mañana y todavía tenía esperanzas de que las nubes se dispersaran.
Con esa idea, seguí bajando con dirección al norte, siguiendo a ciegas la línea del track en mi celular. A mi alrededor no veía más allá de unos 20 metros.
Llegué al final de la bajada y empecé a avanzar por el costado de una gran roca donde se notaban las huellas de un alud reciente. Todo era barro de color verde (los colores de las rocas de la estepa son de locos) y arroyitos que bajaban entre raíces y escombros.
A lo lejos, entre la niebla, pasaron rápidamente dos ciervos que no dejaban de mirar en mi dirección.
El recorrido empezó a remontar un collado y después seguía subiendo hacia la siguiente cumbre.
Pero no seguí.

Ahí, en esa brecha, me detuve unos minutos para analizar la situación.
El trípode y la cámara estaban goteando por la condensación. Se había sumado algo de viento frío y tenía los pantalones embarrados y el buzo empapado.
Ya había transcurrido una hora desde que había empezado el día y el entorno no había cambiado en nada. El sol apenas estaba venciendo la densidad de la niebla y no veía ningún indicio de cielo celeste en ningún lado.
Había avanzado, sí, pero el escenario seguía siendo el mismo. ¿Tenía sentido seguir caminando en estas condiciones?
Para mí, no. Así que ahí mismo empezó otra travesía.

Sin un track que seguir y con la información del mapa que tenía en el celular, empecé a diagramar el regreso.
No se veía ni se escuchaba nada.
Una alternativa era regresar por donde había venido, ya que solamente tenía que seguir el track de subida. Pero elegí otro camino.
Analicé algunas opciones para salir de ahí y terminé eligiendo un recorrido que me acercaba a la ruta que había hecho el día anterior. Solamente tenía que evitar transitar por la parte baja de los acantilados y elegir subidas por terreno suelto. Claro que también tocó sortear algunas canaletas con arroyos y barro.
Me sirvió mucho la capa de imágenes satelitales de la APP Garmin Explore, que completaba bastante mejor la información de la capa topográfica.
A diferencia del mapa topográfico, las imágenes satelitales me permitían reconocer las grandes rocas, los acantilados y los valles estrechos y profundos.
También me resultó muy útil seguir los rastros de ciervos, que cortaban las pendientes por lugares que yo no hubiera sabido cómo transitar.
La última subida del día tenía el suspenso propio de un final de película. Si llegaba arriba y encontraba un bosque, mi plan había funcionado. No solo mi plan, sino también la información del mapa que llevaba conmigo.
La última trepada fue realmente intensa, pero, al otro lado del filo, entre la niebla, se adivinaba el bosque. Según mis mapas, por ese lugar había caminado el día anterior. Ahora solamente tenía que entrar al bosque y seguir hacia abajo.
Tan bien me salieron las cosas que hasta me crucé con mis propias huellas.

Hay una satisfacción muy especial en haber hecho algunas cosas bien.
- Tener el mapa de la zona descargado y contar con las imágenes satelitales me permitió planificar una ruta de regreso incluso sin visibilidad.
- Haber decidido salir de ahí cuando todavía tenía energías me dio margen para encarar más subidas y tiempo para tomar mejores decisiones.
- Al llevar la cuerda y el casco para el tramo complicado de escalada me permitió resolver la trepada con más confianza.
- Tenía agua suficiente para el recorrido en esta época del año y por las dudas tenía pastillas potabilizadoras.

Bueno, quizás el pronóstico me falló el último día, con tantas nubes bajas, pero esta primavera es así. Muy cambiante, hora a hora.
Seguí bajando hacia la ruta 237. Hacia el sur, las montañas se veían despejadas y cubiertas de sol. Pero hacia el norte, desde donde venía, los filos seguían cubiertos.
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