Para este fin de semana venía preparando una salida desafiante. Me había reservado el domingo y pensaba dedicarle todas las horas de luz posibles. Pero algo me dijo que revisara los datos del recorrido. Enseguida caí en la realidad: mas de 30 kilómetros para hacer en un día. No, imposible.
Así que, algo apurado, el sábado a la noche, tenía que buscar una caminata sencilla (sólo tenía el domingo para salir a caminar) y por un lugar nuevo. De mi lista de pendientes elegí conocer un clásico de la zona del Catedral: la zona de la lagunita y el filo Este.
Este es un relato de mi experiencia. No lo tomes como una guía o recomendación para llegar al lugar. Este sendero no figura habilitado por parte de Parques Nacionales y lo recorrí bajo mi responsabilidad
Caminata hasta La Lagunita en el cerro Catedral
La Lagunita es, en rigor, un mallín de altura. Es un punto clásico para el esquí fuera de pista en invierno, pero en verano ofrece un paseo simple y el acceso hacia el filo.
Empecé desde el estacionamiento de la base a las 09:00hs. Dejé atrás el sendero tradicional al refugio Frey y tomé el camino vehicular central que sube hacia la estación Del Bosque, pasando por el parador La Cueva.
En la estación revisé el track que llevaba en el celular. La ruta se internaba en el bosque y no había sendero marcado. Me encontré ante una extensión muy densa de abrojos, imposible de esquivar. Subí algunos metros por el bosque hasta dar con un sendero transversal que llevaba la dirección correcta. Tomé nota mental: a la vuelta, ese sería el punto clave para corregir el track.
Al salir del bosque, el paisaje se abre. El sendero remonta el lecho de un arroyo seco que desemboca directamente en La Lagunita. El lugar es un anfiteatro natural; una suerte de “muestra gratis” de lo que es la zona de Laguna Toncek, pero con menos tránsito.
El filo y la Cumbre Este
Hice una parada en una roca para comer algo y reponer protector solar. Desde el mallín, el objetivo era la Cumbre Este.
El silencio del lugar me permitió identificar una vertiente al otro lado del humedal. Rodeé el mallín —evitando siempre pisar el suelo saturado—, cargué agua y encaré la subida al filo.
A partir de aquí ya no hay una senda marcada ni señalizada. La pendiente tiene esa mezcla incómoda de arena gruesa, piedras grandes y medianas, que se mueven apenas se tocan. Es un ascenso lento, donde cada tres pasos se retrocede uno. No hay una senda única, pero el rumbo es intuitivo.
El sol y la pendiente encendían las piernas. Cada vez que apoyaba las manos, sentía también el calor emanando de las rocas.
Llegué al filo y con la cumbre al alcance, preferí desviarme hacia la vista al sur. La perspectiva cambia de golpe: el valle del Van Titter abajo, la Laguna Toncek enfrente y, al fondo, la silueta chiquita del refugio Frey bajo las agujas.
Travesía hacia el final del filo
Desde la Cumbre Este continué el tránsito hacia los picos orientales. El terreno tiene tramos escarpados, pero en su mayoría transitables con comodidad. Estuve obligado a perder y ganar altura para esquivar algunos sectores más expuestos.
Era un día de verano atípico, con el horizonte nítido y sin el humo de los incendios.
Después de un par de veranos, los incendios ya son parte de la realidad de cada temporada. Casi como los tábanos o los abrojos. Hablando de los tábanos, ya estábamos empezando febrero, ¡así que no me encontré con ninguno!
Pasando un punto del filo donde las rocas cambian de color, llegué a los últimos dos picos del cordón. Intenté esquivar el primero por la derecha pero terminé ante una caída de más de 20 metros. Retomé por la izquierda y bajando despacio y con mucho cuidado encontré una conexión caminable. Desde ahí quedaba subir de nuevo y llegar al pie de la última cumbre del día.
Ahí parado, debajo de ella, no se veía tan picante como la anterior pero tampoco es que parecía un paseo.
Tenía que subir por un paso muy finito. A sus lados una caída de pocos metros, pero una caída al fin. Nada del otro mundo, sólo para atravesar con cuidado.
Desde ese último punto, la vista domina el lago Gutiérrez, Bariloche y el cordón del Ventana hasta el cerro Confluencia, Lago y Capón. Hacia el sur, el pico D’Agostini, Catedral Sur y el inicio del valle del Campanile.
Podría haber seguido bajando hacia el siguiente pico, pero implicaba perder demasiada altura. “Hasta acá está bien“, me convencí.
El regreso fue desandar lo hecho: destrepar el pico, remontar hacia la Cumbre Este y bajar hasta el bosque, donde finalmente pude marcar el track de ingreso correcto para el próximo regreso.
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