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Sendero Huella Andina en Bariloche: Jakob – Mascardi – 2da parte

puente colgante manso

Desde el valle del Casalata al área La Volteada en Mascardi y luego Los Césares

Este posteo es la segunda parte de la travesía Jakob Mascardi. Aquí la primer parte.

Valle del arroyo Casalata

No sé si le pasa a alguien más. El ruido que hay al estar cerca de un arroyo por momentos  parece una conversación cercana. ¿A vos también te pasa?

Así que me pasé la noche despertándome con la sensación que venía gente charlando. Traté de conciliar el sueño al menos un ratito más. Así que muy tarde, cerca de las 11 de la mañana salí caminando hacia el lago Mascardi.

Con un buen tazón de avena, nueces y pasas de uva, ya anticipaba necesitar mucha energía para lo que me esperaba de camino.

Este segundo día de la travesía tuvo distintos estados de ánimo. 

Apenas dejé el lugar de campamento el camino estaba bien marcado y se metía en un bosque alto y húmedo. El silencio, el aire fresco de la mañana y los rayos de sol colándose entre las hojas de los árboles me llenaban de ganas de seguir caminando. 

Cañas Colihue

Pero las cañas colihue empezaron a ser las protagonistas cerrando el camino. Ya tenía en claro que podía haber partes del trayecto con poco tránsito y mantenimiento y que debía estar muy atento a no perder la ruta. 

Por esta zona descubrí que el track que había bajado al Google Maps del celular para usar sin conexión, justamente no servía sin conexión.

Sí, no me digas nada, ya sé. Fue un error por no haber necesitado ni usado nunca un track en un GPS ni en un celular.  Creo que ya aprendí.

Mallines

El camino sigue al lado de un arroyo (Casalata) al fondo de un valle, así que hay muchos mallines. La mayoría de estos mallines tenía un colchón de cañas o troncos para pisar sobre el barro muy húmedo, pero fueron bastantes los lugares donde había que frenar el paso y prestar mucha atención a las pisadas.

Un resbalón en estos lugares puede hacer que el peso de la mochila nos tire de lleno al piso. Y sí, me pasó un par de veces.

Con una caída en particular me costó mucho levantarme. Estaba en una pendiente bajo el bosque y había quedado en una posición muy incómoda, presionando una rodilla y sin posibilidad de incorporarme por la mochila. La rodilla todavía me duele.

A veces el camino se perdía de vista pero siempre estaban presentes las señales de Huella Andina para tranquilizarme y confirmarme que el rumbo seguía siendo el correcto. De vez en cuando tenía que retroceder hasta la última para evaluar tranquilo todo el entorno. Buscar esos indicios que marquen el siguiente paso.

Descansé para comer cerca de otro cruce del arroyo. Otra vez en silencio con el arroyo al lado me parecía escuchar gente cerca. Pero ya te anticipo que no ví a nadie hasta el final del día.

El sendero volvió a internarse en el bosque y a subir con una pendiente tranquila. El valle del Casalata se iba haciendo angosto y profundo. El arroyo se escuchaba bien abajo y desde ahí crecían los árboles altos. Desde el camino veía las copas a medida que seguía subiendo.

Cartel con desvío a Castillo Rojo
Desvío al cerro Castillo Rojo

Llegué al cruce con el Cerro Castillo Rojo y a partir de ahí ya empecé a bajar por un camino que se notaba más transitado. Finalmente ya casi llegando a la bifurcación hacia Los Césares el entorno se abrió en un camino más amplio. Se sentía como una respiración profunda, llenando los pulmones de oxígeno y sol.

¿Es este el paraíso?

Un cartel marcaba la ruta hacia el arroyo La Volteada. Avancé un poco más y creo que nunca me voy a olvidar lo que vi después.

Tené en cuenta que había sido un día muy cansador, tuve algunas caídas y por momentos me costó mucho dar un paso después de otro. 

Pero llegar esa tarde de sol a la orilla del lago Mascardi fue el mejor premio. El lago estaba en absoluta calma reflejando el cielo celeste. Silencio total bajo un sol absoluto. Tanto que sólo se escuchaba un pato a varios metros de la orilla.

Lago Mascardi
Lago Mascardi

Estuve tentado de desplomarme ahí mismo y armar la carpa. Imaginate que la playa tenía arena y había unos árboles cerca para resguardarse del sol. El lugar no tiene permitido el acampe y el mini Janis con alitas en mi hombro me convenció de seguir un poco más.

Estaba a un par de horas del área de La Volteada, que es donde desemboca el arroyo en el Mascardi. Aceleré el paso y empecé a caminar rumbo al oeste, por un camino varios metros por encima del lago. 

Muy bien marcado y mantenido. Puentes con barandas, troncos cortados para tener un paso limpio, una belleza. Subía algunos metros sobre el lago así que en un día inolvidable como ese podía verse la orilla de color esmeralda cambiando a celeste y azul. 

Lagoa Mascardi con el fondo azul
Lago Mascardi camino a La Volteada

Arroyo La Volteada

Cerca de las 18 vi una playa con un lugar soñado para poner la carpa. Cuando digo soñado me quedo corto.

Lago Mascardi y la isla Corazón al fondo
Vista de la isla Corazón

Estaba realmente cansado y por dentro rezaba que sea el área de acampe autorizado. Y sí, unos pocos metros mas adelante el camino bajó hasta esa playa. Allí estaban las únicas personas que me crucé en el día. Una pareja de turistas que había salido a dar un vuelta en kayak. 

Para la carpa elegí un lugar de la playa que tuviera sol hasta último momento de la tarde. 

Carpa en la costa del Mascardi
Carpa en el lago Mascardi

Todo el cansancio del día, toda la transpiración, la tierra pegada al cuerpo, algunos latigazos de ramas en las piernas, todo eso, lo zambullí en el lago planchadísimo.

Salí del agua como nuevo. O casi. Sólo quedaba armar la carpa y cenar en la playa mirando el cerro Tronador anaranjado con la luz del atardecer. En el contraste de la noche y el cielo, revoloteaban unos murciélagos.

Con un amanecer frío desayuné y desarmé la carpa muy entusiasmado por el resto del trayecto. El día ya prometía sol y salí en la búsqueda del sendero hacia la laguna Llum.

No way José

Jamás lo encontré.

Recorrí la zona varias veces pero nunca ví claramente la continuación. Recorrí la playa cerca del bosque, el camino por donde había llegado, remonté un poco el arroyo. Ni señal del camino. Quizás había muchas ramas caídas y el camino se desvaneció. La zona es amplia y no es sencillo de recorrer.

Tenía que tomar una decisión rápido porque el tiempo avanzaba. Yo tenía que estar a las 18 horas en la playa norte del Mascardi. Si no estaba ahí, iba a preocupar a mi familia y seguramente daban aviso a Parques por una emergencia. 

No estaba perdido y estaba en perfectas condiciones, pero tenía que llegar a un lugar con señal de celular para dar aviso. No quería desatar una serie de eventos que preocupe y movilice a mucha gente.

Podría haber pasado un par de horas mas buscando el camino. Lo más seguro antes de seguir perdiendo el tiempo era volver sobre mis pasos y seguir hacia el área de Los Césares cerca del camino a Pampa Linda. Allí hay circulación constante de gente.

Así que no dí más vueltas y empecé a caminar rápido. Dejé prácticamente de filmar. Llegué nuevamente al cruce hacia Jakob, crucé el Casalata, llegué al puente colgante sobre el Manso y finalmente al área de Los Césares

Llegué al mismo tiempo que una guardaparques en una camioneta de PN. Ella seguía su camino hacia Pampa Linda y yo tenía que ir hacia Los Rápidos. Le pedí si podía enviar un mensaje por radio a Parques Nacionales para que se comuniquen con mi esposa, avisando que estaba bien pero que iba a estar caminando por el camino del Tronador hacia la ruta 40. Encendí los datos del celular y seguí caminando por la ruta.

Ya estaba muy cansado por el paso acelerado de la mañana y el calor. Por el horario, pasaban los autos sólo en sentido a Pampa Linda. Después de pasar el mirador a la isla corazón llegó un WA de mi esposa avisando que recibió el aviso de PN y estaba viniendo a buscarme.

Nos encontramos un kilómetro antes de llegar a Los Rápidos.

Mapa definitivo después de hacer la travesía
Así quedó la travesía. El día 3 finalmente se modificó de su plan inicial

Me marcó sobre todo el tramo entre el lugar de acampe en el valle del Casalata y la llegada al Mascardi. Las señales blancas y celestes de huella andina que todavía sobreviven ayudan a seguir el rumbo a veces en un mar de vegetación, cañas, troncos caídos, mallines y cruces del arroyo.

Claramente no hubiera hecho la travesía si sabía que el camino estaba cerrado.

Huella Andina (sitio no oficial) es un proyecto que une tres provincias. Si se lo mantiene y potencia puede ser una fuente de recursos para varias comunidades. Incluso agregarle infraestructura con paradores, traslados o también extenderlo. Como las rutas de senderismo de EEUU que cruzan todo el país.

En pocas líneas


Si tenés alguna pregunta acerca de esta travesía dejámela por favor en los comentarios.

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